Las voces oscuras no te dejan en paz, no hagas caso de sus consejos, que a lo lejos están. Sin cerrar los ojos, háblales y te comprenderán, aquellas voces jamás volverán.
Tan mona te mueves en la noche, sin importar el viento y las nubes, te miro arriba de las estrellas. Tu luz se mezcla con la ciudad brillante, despiertas al atardecer y mis sueños has de ver. Tu luz brillando se fue alejando al despertar el sol.
Mientras la lluvia tocaba mi cuerpo, recordé como el viento tocaba tu piel. El viento tocaba tu piel, tu pelo, tu boca. Ese viento tan galantemente se movía, que no pude contra el, y me deje vencer. Escogí la lluvia, queriendo siempre tocar el fuego, que perdí por no luchar contra el viento. Sí aún puedo, me quemaré por el fuego, sin importar que tan fuerte sea el viento.