De los árboles caen y los sonidos no les importan, abriendo espacio atraviesan por el aire, tan ligeras como una pluma. Mudan a la tierra despegando sus orígenes, junto a otras volarán hasta donde puedan llegar.
Tan mona te mueves en la noche, sin importar el viento y las nubes, te miro arriba de las estrellas. Tu luz se mezcla con la ciudad brillante, despiertas al atardecer y mis sueños has de ver. Tu luz brillando se fue alejando al despertar el sol.
Mientras la lluvia tocaba mi cuerpo, recordé como el viento tocaba tu piel. El viento tocaba tu piel, tu pelo, tu boca. Ese viento tan galantemente se movía, que no pude contra el, y me deje vencer. Escogí la lluvia, queriendo siempre tocar el fuego, que perdí por no luchar contra el viento. Sí aún puedo, me quemaré por el fuego, sin importar que tan fuerte sea el viento.